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El alfabeto romano, o latino, es el sistema de escritura más utilizado hoy en día. Está presente en lenguas como el inglés, español, francés, portugués, alemán, turco, italiano, etc.
Los romanos no inventaron este alfabeto, sino que lo adoptaron de los etruscos, quienes a su vez tomaron las letras del alfabeto griego. Los etruscos contaban con 26 letras en su alfabeto, mientras que los romanos, cuando lo acogieron primeramente, conformaron el suyo con sólo 21.
El primer alfabeto romano, de 21 letras, era: A, B, C, D, E, F, Z, H, I, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, V, X.



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La G surgió luego, siendo su sonido representado al principio por la C. De ahí que su parecido no es casualidad, sino que se le agregó una raya horizontal a la C.
La K, la Y y la Z fueron tomadas del alfabeto griego. Aunque figura ya la Z en el alfabeto que pusimos anteriormente, se trata de una Z distinta que terminó desapareciendo.
La J, la U y la W son letras derivadas de la I y la V, como su parecido sugiere. Esto ocurrió en la Edad Media.
El alfabeto romano quedó conformado entonces con 26 letras, como lo conocemos hoy:
A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z.
Es importante decir que no contaban con minúsculas en un comienzo. Esta representación de las letras apareció sobre el final de la Antigüedad, con el fin de escribir completamente una letra sin levantar la mano al hacerlo. De ahí la forma redondeada de las minúsculas.
Muchos idiomas agregan letras o variantes gráficas del romano original. Contamos por ejemplo en el español con la letra Ñ.



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